¡Hola, novi@s! Va el texto romántico de hoy. Les diré que éste estuvo motivado por una de nuestras admin, Ren, que en un post que hice hace tiempo se dio cuenta de la repetición del número 12 en la relación de Fernando y yo:
Soy totalmente escéptico del futuro escrito y, por lo tanto, adivinable por el medio que sea. Pero igual les platicaré algo que es por lo menos curioso y por mucho bonito: A mediados de 2009, un par de meses antes de conocer a Fernando, una amiga de aquel entonces me leyó las cartas de la baraja española. Entre otras cosas, me dijo que muy pronto iba a vivir un romance superintenso, ardiente, tanto que se agotaría rápido, un fogonazo. Pero que después de ése, en diciembre para ser exactos, llegaría otro, mucho más templado, duradero, tierno, deleitoso, el bueno, el de a de veras, el de para siempre.
Y yo, desde que lo vi, le vi cara de mi marido, ¿cómo no? Pero… ¿que no -según la tiranía del destino- faltaban cuatro meses para que éste llegara? ¿Y si… y si el vaticinado incendio que arrasa consigo mismo iba a ser Fernando?, ¿y si lo conocí demasiado pronto?, ¿y si a las cartas les venía guango mi escepticismo e igual hacían lo que les diera la gana? ¿y si…? Después de todo, que nos conociéramos un día, nos hiciéramos novios al siguiente y viviéramos juntos a las dos semanas… tranquilo, tranquilo, no era. Pero… no, no podía ser, yo lo sabía, tenía que ser él. Y el tres de oros y toda la corona española podían estar o no de acuerdo en procesión y a mí me daba lo mismo.
Pues llegó diciembre y pasó diciembre, y Fernando seguía conmigo y yo seguía con él. Desde luego que no me aguanté las ganas de ir a anunciarle a mi amiga el fiasco de sus tarjetitas de cartón. “Nomás se equivocaron por cuatro meses”, le dije, triunfante. Me contestó que no sabía qué había pasado, pero que definitivamente había sido culpa suya y no de la baraja, que algo había leído mal y me explicó que estaba segura de que iba a ser en el último mes del año porque el número 12 había insistido en aparecer cuando las cartas hablaban de amor. No pude evitar poner cara de ‘no manches’ (de hecho, tal vez no pude evitar decirlo, no lo recuerdo bien). La de la mirada triunfante ahora era ella. “A Fernando lo conocí en agosto… 12”, tuve que admitir.
El próximo 12 de marzo, después de 12 años de novios (y esto no fue planeado), Fernando y yo firmaremos y afirmaremos ante la ley que sabemos que nuestro amor es el bueno, el de a de veras, y que queremos que sea así para siempre. La corte de España no está invitada al evento.
No sé y me da lo mismo si a mi amiga le falló o no la lectura, o si a las cartas les funcionaron o no los poderes adivinatorios. Me basta con estar seguro de que a mí sí me funcionaron la intuición y la voluntad, y de que a Fernando no le fallaron ni el tiempo ni el rumbo.





