¡Hola, novi@s! Les platicaré que cuando nos comprometimos hace ya diez años, Fernando y yo decidimos que los dos usaríamos anillo de compromiso, sin importar quién se lo había propuesto a quién. O sea, no hubo anillo el día de la propuesta, sino que al otro día fuimos a comprarlos juntos y luego a ponérnoslos uno al otro a un lugar especial. Y como la boda fue aplazándose, nuestra vida fue haciéndose muy al estilo de una pareja casada y nos acostumbramos a que los anillos fueran ya el símbolo de nuestro amor tal como lo vivimos esos diez años y como planeamos seguir haciéndolo tras la boda.
Por eso, el año pasado que retomamos los planes, decidimos que seguiríamos usando sólo esos anillos y que ésos intercambiaríamos junto con los votos en la ceremonia para renovar su valor. Pero para darle emoción al rito, hace unos días -por primera vez en esos diez años- nos separamos de ellos y se los dimos a nuestros testigos para que los guarden de aquí a la boda y nos los entreguen ese día en la ceremonia. Sentimos raro no tenerlos, pero es parte de la emoción antes del gran día. En la foto salimos con mi hermana y mi cuñado el día que les encargué el anillo de Fernando, después de que nos acompañaran a solicitar el matrimonio en el registro civil. Y el mío lo tiene la hermana de Fernando.

