¡Holaaa! Les platico que Fernando y yo estamos súper contentos porque, entre otras cosas, ya recibimos las fotos de nuestra sesión preboda. Fue un largo, largo día el último de noviembre; salieron más de 170 fotos; aquí les presumo unas pocas. Todo empezó a las siete de la mañana que fuimos a cortarnos el pelo y la barba. Hora y media después vimos a nuestro fotógrafo, afinamos unos últimos detalles y a las nueve ya estábamos tomando las primeras fotos. Éstas fueron especialmente significativas porque Plaza Juárez (vivimos en Pachuca) fue el lugar en el que nos conocimos hace doce años y nos pusimos la misma sudadera y el mismo chaleco que aquel día.



Luego nos fuimos al exconvento de San Francisco y estuvimos paseando unos cuarenta minutos por toda la explanada, entre la iglesia y el cuartel del arte. Aunque tiene un parquecito muy bonito al que mucha gente en Pachuca va a tomarse sus fotos de XV años, graduación o boda, nosotros preferimos fotografiar la arquitectura sobria de los edificios.



Después seguimos en el monumento a Cristo Rey. Ahí lo que queríamos, en realidad, era tomar panorámicas de la ciudad, pero nos encontramos con que ya cercaron el mirador y no se puede pasar. Pero nuestro fotógrafo encontró un buen escenario en la casa del velador del lugar. Era una casa de lámina en medio de restos metálicos y maleza, pero nos encantó el resultado. Yo lo interpreté como que no importa donde vivamos, mientras estemos juntos estaremos bien. Además, no me molestaría nada vivir en algún lugar alejado de vecinos molestos, ja ja.



En este momento hicimos una parada para almorzar. Ya eran casi las dos de la tarde. Comimos cecina en una cabaña en Omitlán y regresamos al bosque del Hiloche, a las afueras de Real del Monte, para continuar con la sesión. Éste fue, por mucho, mi escenario favorito.





Finalmente, nos fuimos al Acueducto del Padre Tembleque, en el municipio de Zempoala. Fueron como cuarenta y cinco minutos de traslado, por lo que llegamos justo a tiempo para captar la puesta del sol. Lamentablemente, por seguridad, no pudimos acercarnos a los arcos más grandes, pues al atardecer asaltan. Pero aun así, el resultado fue espectacular.



Terminando, nos regresamos a Pachuca. Todavía nos paramos en el camino a tomar unas últimas fotos justo cuando se metía el sol y que usamos para anunciar la boda en redes sociales (ya compartí una aquí hace un par de semanas). Cuando llegamos a la casa, ya pasaban de las seis de la tarde, estábamos agotados, pero súper contentos. Estamos muy, muy satisfechos con nuestro fotógrafo. Confiamos en que hará un trabajo espectacular el día de la boda.