Esta semana mi prometido y yo tomamos una desición sumamente difícil.
En abril del 2019 comenzsmos a planear nuestra boda, visitamos lugares, hablamos sobre cómo queríamos que fuera ese día y poco a poco fuimos organizando todo lo necesario para que el 28 de noviembre del 2020 finalmente llegáramos al altar.
Sin embargo en marzo de este año comenzó lo que nadie se hubiera imaginado, un periodo de aislamiento provocado por una crisis sanitaria mundial.
Desde el prime día estábamos preocupados por la situación, pues si bien en marzo, noviembre se veía lejos aún así teníamos presente que está crisis no se iría de la noche a la mañana, sin embargo quisimos ser optimistas ante esto y continuamos. Entregamos invitaciones y compramos lo necesario.
A mediados de año terminamos de pagar el lugar y a algunos proveedores. Mi prometido había conseguido su traje y yo mi vestido. Perobla realidad era otra.
A 2 meses de nuestra fecha pactada caímos en cuenta que esto no iba a mejorar no remotamente para noviembre, así que hablamos con nuestro proveedor del lugar y expresarnos nuestro deseo de cambiar la fecha.
Afortunadamente ellos entendieron perfectamente la situación y accedieron a mover la fecha sin penalización o con algún cambio de precio. Eso nos quito un peso de encima.
Llevamos planeando nuestra boda por más de un año y nos hacía mucha ilusión, sin embargo tuvimos que bajar de la nube un momento para pensar en nuestras familias e invitados. Todos tenemos a alguien a quién cuidar, la mayor parte de mi familia, incluyendo a mi mamá, son personas de la tercera edad o población de riesgo.
Realmente fue difícil llegar a este punto, sin embargo creemos que fue lo más sensato, el numero de mis invitados es el mínimo requerido para eventos en lugares abiertos, pero aún así lo que menos queríamos era convertir un día de celebración en una potencial tragedia.
Si llegaste hasta acá, gracias por leerme.