¡Hola, novi@s! Quizá algun@s de ustedes recuerden que Fernando y yo hicimos un pequeño viaje al pueblo mágico de Huasca la semana pasada para celebrar nuestro primer año de casados. Bueno, pues les platicaré cómo nos fue y les presumiré algunas fotos; quizá sirva de inspiración para las parejas que andan buscando una luna de miel (o algún otro viaje especial en pareja) bonita y económica.
La idea de ir a Huasca
surgió desde el año pasado que, para nuestra luna de miel improvisada y
sin presupuesto, optamos por viajar a un lugar cercano y elegimos Real
del Monte. A partir de ahí, decidimos que cada aniversario lo
celebraríamos de manera similar. A ambos lugares ya hemos ido muchas
veces, pero nunca en plan de quedarnos, lo cual hace de la experiencia
algo muy diferente.
En esta ocasión, le tocó al primer pueblo mágico de México, a tres cuartos de hora en coche de Pachuca. Lo primero que puedo decirles sobre él es que es un destino principalmente de aventura, aunque también tiene sus aspectos históricos y artísticos interesantes. Yo soy mucho más de este último tipo de lugares, así que llegue ¡agotado!, pero valió la pena.
También es importante
comentarles que nosotros solemos viajar entre semana porque no nos
gustan las aglomeraciones, pero además tiene la ventaja de que muchos
servicios son más baratos de domingo a jueves que viernes y sábados,
aunque también -como en el caso de Huasca- el ambiente es mucho menos
intenso.
Hay hoteles bonitos y céntricos desde $500. Nosotros nos hospedamos en La Casona Real, por $1,100 la noche, con desayuno y estacionamiento incluidos. Es un hotel rústico, muy lindo y tranquilo, ubicado a trescientos metros del centro y con varias opciones de entretenimiento (de las que les hablaré más adelante).
El primer
día comimos en el centro. Incluso entre semana, podrán encontrar
diferentes opciones, desde puestos de antojitos en los que pueden comer
ambos por unos $100 hasta restaurantes más en forma, con carnes y
platillos más elaborados, donde podrían gastar hasta $300 o más por
pareja (nosotros nos quedamos con la primera alternativa). Al terminar,
caminamos por la zona, todo muy agradable.

Después fuimos al Museo del Duende, pero resultó que justo ese día el encargado -sin siquiera avisar en sus redes sociales- decidió ir a la capital del estado a arreglar unos asuntos legales (lo malo de ir entre semana, les digo), así que fuimos a sentarnos a platicar a una pequeña placita a las afueras de la Hacienda San Miguel Regla (no visitamos ésta porque ya hemos ido muchas veces antes).

Por
la noche salimos a buscar un lugar para cenar y tomar unos tragos. No
había muchas opciones, sólo dos o tres, pero con una de ellas tuvimos.
La mayoría de los negocios los cierran alrededor de las diez y media,
aunque si ya estás dentro te permiten quedarte unos quince o veinte
minutos más (si necesitan algo más tarde hay un Oxxo abierto las
veinticuatro horas a las afueras del centro).


Anduvimos en la Presa San Antonio Regla (nos cobraron $150 ya por los dos por el recorrido de aproximadamente un cuarto de hora en lancha de motor para ver de cerca los pocos vestigios visibles de la hacienda que quedó inundada ahí), en los Prismas Basálticos (cobran $100 de entrada por persona), en la Hacienda San Juan Hueyapan (que tampoco estaba abierta, así que sólo la vimos desde afuera), en Peña del Aire (cobran $30 pesos de entrada por persona) y en el Bosque de las Truchas (cobran $50 de entrada por persona).





Además de sus atracciones particulares, todos estos sitios comparten actividades con costo adicional, como tirolesas, zonas de cabañas y campamento, albercas, renta de lanchas, además de venta de comida y artesanías. Nosotros visitamos el criadero de truchas (en el bosque del mismo nombre, cobran $7 de entrada por persona y $7 por cada bolsita de alimento) y -lo mejor del día- nos subimos al columpio extremo en Peña del Aire, que al estar en la parte superior de una barranca de 1,200 metros de altura tiene una vista increíble (cuesta $150 por persona); además, Fernando atravesó el reto de altura, que consiste en caminar sesenta metros sobre una varilla en una pendiente de la misma barranca (cuesta $100 por persona); yo no me animé, ja.


Por la tarde, descansamos un rato en el hotel (nos quedamos con las ganas de pedir un masaje a la habitación por $550 cada uno porque ya salía del presupuesto) y en la noche tuvimos una cena romántica en la terraza de su restaurante. Ordenamos una tabla de quesos y carnes frías y una botella de vino (ambas cosas por $640). Opcionalmente, pueden llevártela a tu habitación o al jardín y pedir que enciendan la fogata (con costo extra).

Al día siguiente (el último que estuvimos), después de desayunar, rentamos unas bicicletas en el mismo hotel ($200 por persona por dos horas) y fuimos a conocer callecitas del centro a las que nunca habíamos ido, compramos pan tradicional y recuerditos para nosotros y nuestras familias y tomamos unos clásicos cantaritos (no pueden irse de Huasca sin tomar unos).


Por último, fuimos a la Barranca de Aguacatitla (cobran $25 de entrada por persona). Es parte de la misma barranca que Peña del Aire (de hecho, está muy cerca), pero aquí en vez de estar en la parte más alta estás en una parte más baja, por lo que aprecias otra vista muy diferente pero igual de hermosa (hay que caminar muuucho de bajada y luego de subida por un camino lleno de piedras). Ahí entramos a un túnel de murciélagos (hay que caminar otro buen tramo por un canal para llegar; el precio de $125 por persona incluye el guía y la renta de botas y casco) e hicimos un poco de senderismo. Como ya les había dicho, fue con esto con lo que de plano ya terminamos agotadísimos, pero valió la pena. Eso sí, a este lugar en específico no vayan sin repelente de mosquitos (sigo encontrándome piquetes nuevos hasta hoy), además de bloqueador solar, para cualquier otro sitio, claro (ése sí llevábamos, pero Fernando no se puso suficiente en la cara y terminó un poco quemado).


Les
recomiendo llevar dinero en efectivo, pues no todos los negocios
aceptan tarjeta o transferencia (aunque incluso algunos puestos
callejeros ya lo hacen) y sólo hay un cajero red en todo el centro.
Nosotros, ya contando todo, todo, nos gastamos alrededor de $7,000, que
se nos hizo un buen gasto considerando todo lo que hicimos. Ahora ya
estamos pensando si el año que entra iremos al Chico o a Huichapan, pero
todavía falta; ya en su momento les estaré platicando cómo van los
planes. Ah, y les dejo el enlace a mi post sobre la luna de miel en
Real, por si también quieren verlo: