"Decir que me brillan los ojos cuando te veo se queda corto, tú haces que me brille el alma" - A. Ixtepan
Ella: instalé esa aplicación por recomendación de mi amiga, estaba cansada, después de tormentos pasados, necesitaba cambiar de aires. Cambié de trabajo, regresé a casa de mis padres...era tiempo de intentar algo nuevo, sin embargo me aburrían las conversaciones sosas que este medio de comunicación provocaba; cuando estaba a punto de desistir recuerdo un perfil que me llamó la atención por austero, a penas un par de fotografías y una leyenda "¿tequila o mezcal?"...¡vaya suerte! hay pocos mezcaleros. Era tu, un hombre caballeroso y atento, inteligente y con conversación de cualquier tema, hasta de gustos musicales similares, y sobretodo, me di cuenta que estaba hablando con alguien con un alma buena, siempre dispuesto a ayudar, aunque no me conociera me explicaba temas de mi trabajo, o simplemente preguntaba qué tal había sido mi día.
Después de días hablando, supe que eras el indicado, un hombre de valores y principios claros, compartíamos metas y nuestra manera de pensar coincidía a la perfección ¿de verdad podría ser real? Y entonces decidimos conocernos, no estaba nerviosa, pero recuerdo que recé a Dios pidiendo que fuera el mejor día de mi vida...y lo fue, conocí al hombre de mis sueños. Recuerdo que al salir, hablé con mi mamá y simplemente le dije "es él". Y así fue, seguimos saliendo, debo confesar que al principio me aterraba la situación, no quería echarlo a perder, pero al parecer todo lo que otras personas me criticaban, tú las amabas.
No estábamos preparados para encontrarnos, pero sabíamos que debíamos estar juntos, una conexión mística y un amor inquebrantable, y cuando me pediste ser tu esposa, me convertí en la mujer más feliz, no paré de llorar, porque supe que en ese momento, empezaba la mejor etapa de mi vida, una a lado del hombre con el que siempre soñé y al que amo profundamente...la razón por la que creo que todos los sueños se pueden lograr.
Él: aún recuerdo el momento es que hicimos match. Recién tenía poco de haber llegado a la oficina y recuerdo la notificación que habíamos hecho match, me apresure y repase nuevamente tu perfil, recuerdo la primera foto que era con tus lentes y una sonrisa enorme. Lo que yo no sabía es que esa sonrisa estaría presente para toda mi vida.
Me hablaste y poco a poco tuvimos más contacto, seguimos hablando y a pesar de que una semana no supe de ti, regresaste un domingo enviándome un mensaje, en ese momento aposté todo a convencerte de salir, de tener una cita y conocernos en persona. Aceptaste y recuerdo perfectamente el día que te vi por primera vez; a pesar de que te veía a la distancia pude distinguir tu rostro, tu cabello y cuando me acerqué a ti y te vi de frente, cada detalle de ti pude verlo.
En ese momento nuestra primera cita se concretaba y terminaba de una manera excelente, quería volver a verte y tu también lo querías. Ciertamente me encantaba tu sonrisa y me ponía muy nervioso de tan solo verte. Poco a poco tuvimos más citas; en Polanco, dando vueltas consolidamos nuestra empatía y cada vez más teníamos confianza el uno con el otro.
Era diciembre y al cabo de un rato de estar juntos y de beber café me robaste un beso, me besaste tan cálido y espontáneo que solo atiné a seguir el movimiento de tus labios. De verdad me estaba enamorando de ti.
Pasaba el tiempo y poco a poco hacíamos más cosas, compartíamos más de cada uno y poco a poco confirmábamos que queríamos estar a cada momento juntos. Se estaba creando el mayor vinculo entre nosotros como enamorados.
Era mayo y lo recuerdo, sentía algo en el pecho que me explotaba. Un sentimiento fuerte que a primera vista me costaba identificar. Al final de la tarde había entendido lo que sentía, es que había decidido quedarme contigo para toda la vida, fue así como te dije que aunque no tuviera un anillo o algo más en el instante, quería que supieras que contigo quería casarme. Había decidido compartir mi vida contigo y quería que lo supieras por que de verdad cada día contigo me estaba uniendo más y más a ti, fue cuando entendí que te quería solo para mí.
Pasaron unos meses antes de pedirte que fueras mi esposa y es que al final no decidía la forma en que quería entregarte el anillo, incluso tarde encontrar el perfecto. Al final pude lograrlo y te pedí muy familiar en matrimonio.
Te entregué un anillo al cabo de leer 15 de nuestros más hermosos recuerdos en un pensadero, haciendo referencia a Harry Potter que es tu saga favorita. Lo identificaste apenas, pero con cada recuerdo en cada botella, la sorpresa se iba formando. Al final, concentrada abriendo el recuerdo, me hinqué a tu derecha y con el teléfono en la mano te pedí que fueras mi esposa.
Durante este año hemos vivido muchas cosas, y de verdad han sido maravillosas. Desde el momento de salir y siempre coincidir en lo que comemos hasta brincar de alegría cuando nos vemos cada día. Y es que en definitiva nuestra historia estaba marcada, tu y yo estábamos destinados a estar juntos.