Te estaba esperando, sin saber tu nombre, deseaba conocerte, quererte, protegerte. Amarte. Porque la esperanza es lo último que se pierde.
Curiosa estrategia la del destino que me ha llevado a pisar tus huellas los últimos años, los últimos 27 años, hasta que yo he dado una zancada y he atravesado nuestra barrera del tiempo. Te lo reconozco, estos giros de la vida me dejan sin palabras.
y de repente, todas las canciones de la radio hablan sobre nosotros. Casi sin darme cuenta acabo tarareando algunas letras que jamás pensé que cantaría. Me descubro a mí misma y me entra la risa. Quizás de nervios, de emoción, qué sé yo, quizás por la liberación. Más que nunca, sin complejos a pleno pulmón.

Pienso en toda la confianza que llevaríamos ganada si nos hubiéramos reencontrado antes, porque conocernos, conocernos ya nos conocíamos.
Y todo lo que nos hubiéramos ahorrado, la de sapos que no habríamos besado. Ya estás aquí, qué importa ya, hemos exhalado el pasado y nos hemos inflado los pulmones de hoy y mañana.


Te estaba esperando, y eso que a veces me invade el miedo. Bendita intuición, esta vez me quedo contigo. La vida es para los valientes.
La vida, así sin más, se ha vuelto una verbena. Ambos teníamos los tenis calzados para esa fiesta. Los males son menos males, lo bueno es buenísimo. Es lo que tienen algunas palabras: “contigo” y “nosotros”.
