Han pasado 44 días desde que decidí hablar con el papá de mi novia para informarle que vamos a casarnos, fue el 30 de enero… Lo sufrí… lo aluciné… hubo tonos altos… drama… toda una novela de terror pero ¡sigo vivo!

La pedida de mano.
Con Magda estuvimos hablando mucho tiempo sobre que teníamos que hablar con su papá de todos los planes que estamos haciendo e hice todos mis esfuerzos por posponer lo más posible ese tétrico momento. Sí, tétrico pues tengo la suerte de tener un suegro bastante especial. Para que se den una idea, su frase favorita es “Yo decido, y si me equivoco, vuelvo a mandar” es decir que fuera del modo que fuera algo tendría que “decidir” y me angustiaba. Para no hacerlo largo platiqué muchas semanas con mi padre de ese momento, lo primero que coincidimos es que para la pedida de la novia no iría mi madre. Porque posiblemente mi madre sea la versión femenina de mi suegro elevado a la segunda potencia y como que mezclar gasolina con fuego no es lo más sensato. Así que ese fue el acuerdo. Luego optamos por hacerlo de manera que la novia no se enterara ya que existía una posibilidad de desacuerdo entre mi suegro y yo, especialmente en el asunto de cómo hacer la boda, la fecha, el gasto, y nuestros perros (él quiere que nos deshagamos de Káiser y Nena), por tal motivo Magda no debería estar presente ya que también mi noviecita hermosa es volátil y lo que menos deseo es un enojo familiar. Por estos motivos solamente la mi suegra, mi padre y yo nos preparamos. Una amiga de Magda fue la cómplice para distraerla y que no llegara a su casa.
Lo primero que ocurrió es que mi suegro no quería hablar con nosotros a solas, a fuerza quería que estuviera Magda y quería hablar primero conmigo. A pesar de eso lo acorralamos a que nos dejara hablar con él y mi padre fue quien habló, luego yo le agregué algunos detalles y la respuesta fue, textualmente: “No me gustan las sorpresitas y estoy muy molesto porque ni tú ni mi hija me han tenido la confianza para hablarme de esto”. Inmediatamente después agregó sus ideas de cómo debió ser e hizo su show, sin embargo me permitió hablar y hacer algunos comentarios respecto a por qué no sentimos esa “confianza” y afortunadamente, después de eso las aguas perdieron fuerza y pudimos hablar.
Al final, confesó que le da gusto que su hija acepte casarse conmigo, de hecho al día siguiente él le preguntó a Magda, argumentando que quería corroborar si su hija estaba de acuerdo. Creo que pensó que yo estaba siendo un poco como bandido de adelantarme y negociar por su hija sin su consentimiento, pero descubrió que ya habíamos hablado y hecho preparativos. Por cierto, dijo que no le estábamos avisando con tiempo (10 meses antes).
Al final las cosas no pudieron dar la sorpresa que yo tenía en mente, pero las cosas han sido mucho mejores en el aspecto de confianza entre la familia de Magda y yo. Sin embargo no deseo volver a pedir mano para casarme, me podría infartar.
Para quienes no se han animado o están por hacerlo puedo comentarle unos tips útiles que me sirvieron.
- Aunque vas acompañado de tu padre, la persona que se casa eres tú y lo mejor es dar seguridad en el hablar, en el porte y ver a los ojos. Los suegros aceptan de buen modo que el yerno sea capaz de mantener una conversación de frente.
- Tener preparado tus argumentos. Quizá en algunos casos sea fácil llegar y decir que vas a pedir a la novia y trato hecho, en este caso tuve que hablar de los sentimientos de Magda, de los míos y del proyecto de familia que tenemos. Funcionó muy bien.
- Apóyate en la familia. Sea quien sea el que te va acompañar, su presencia inspira confianza y sabes que no vas solo. Si tienes a un experto en demagogia y hacer que cambien de tema es genial, mi padre fue crucial para que el enojo no creciera.
- Si la ocasión lo permite, lleva algún presente a la familia. Mi caso fue todo un fenómeno pues tiene un paladar que está conectado a su estado emocional (puede ser el plato más exquisito pero si quiere decirte que está enojado, dirá que es horrible). Pero para el resto de los suegros mortales es un buen detalle.
- Hablen previamente con la novia para que ella aplane el terreno. Posiblemente lo que pudo haber mejorado la situación (Nunca sabremos, igual y que le dijera sin que estuviera yo y mis padres le hubiera enojado). Cuando habló con Magda le dijo que posiblemente se podría morir del enojo.
- Tengan un espía para valorar la situación. Las suegras son muy buenas en eso, claro, si se llevan bien con ellas. La mía es un amor y me ayudó a elegir el mejor momento para decirle. O sea estaba contento y se enojó, pero hubiera sido más difícil que estuviera enojado y se enojara más.
- Bien presentable. No quiere decir que lleves todo un atuendo de gala, pero lo indispensable: corte de cabello, rasurado, vestimenta limpia. No importa que luego te digan que así no llegaste a pedir a la novia, total, ya dio el sí.
- Un plan B. Si la cosa sale mal, al final es una decisión que toman dos personas consientes y que tendrán que hacerse responsables de su decisión. Saber que Magda esta sabedora de cómo es el carácter de su padre me dio el valor para animarme a hacerlo y el resultado ha sido positivo.