Estamos en una época de libertad sexual nunca antes vista: sexo casual, en grupo, películas porno,juguetes para adultos, intercambio de parejas, aplicaciones para ligar, etcétera.
Todo un menú de opciones y productos para obtener placer sexual. Hoy (más que nunca) la sexualidad es parte de nuestra identidad, se ha convertido en el campo para la experimentación individual en el que probamos nuestros límites; nos dejamos ir y venir (literalmente), nos aventuramos a sentir pero, sobre todo, nos liberamos.
Sin embargo, ¿estamos realmente desarrollando nuestro potencial erótico, nuestra capacidad de dar y recibir placer, de experimentar, de divertirnos y jugar en el sexo?
Tener expectativas reales del placer
Si bien, en las últimas décadas se ha construido una visión más abierta de la sexualidad, también se han construido muchos mitos e ideas alrededor de ella. El cine, la televisión, las revistas, internet y las redes sociales nos han hecho creer que uno es por lo que hace en la cama. Que el sexo siempre debe de ser excitante, espontáneo y excelente. Que debemos sentir deseo todo el tiempo y en cualquier lugar. Que si no es así, algo podría estar mal.
Queremos sexo como en las películas. Pensamos que la noche de bodas será la mejor noche de todas, pero la verdad es otra. ¿Ustedes creen que después de una boda (de recibir invitados, bailar, llorar, emocionarse y gritar) uno va a estar radiante y con ganas de sexo hasta el amanecer?
Por otro lado, la compatibilidad sexual con la pareja se busca, se construye. No dudo que la química ayude (de hecho es importantísima), pero también es una cuestión que hay que trabajar, que se perfecciona con el tiempo. El placer individual, por su parte, se descubre poco a poco, con el autoconocimiento y la autoconciencia. No obstante, en nuestra cabeza tenemos una idealización, un imaginario con altas expectativas, una fantasía que en la realidad es casi imposible de cumplir.
Por eso, el primer paso para vivir una sexualidad más plena y placentera es romper los mitos y
cuestionar las ideas que tenemos sobre ella. Sobre lo que se supone debería ser la respuesta y el placer sexual. Sobre lo que nos han dicho que es sinónimo de “buen sexo”. Para eso, es importante conocernos. Preguntarnos qué nos gusta, qué nos excita, qué nos genera placer, qué nos desagrada… Hay que dejar atrás, sobre todo, la culpa y la idea de que el sexo es malo o pecaminoso.
Comunicar lo que queremos y cómo lo queremos
Es importante dejar las etiquetas a un lado. Echarlas a la basura. Nada está bien o mal. Cada quien experimenta de acuerdo a sus propias reglas, deseos y límites. Otra de las cosas que ha pasado es que hemos focalizado y reducido nuestro placer sexual únicamente a los genitales. Pareciera que tener mucho sexo es sinónimo de calidad sexual y de placer, pero no es así. Hemos olvidando que la sexualidad responde a cuatro dimensiones: la parte física, psicológica, emocional y energética.
Por eso hay que aprender a expresar nuestra sexualidad. Hay que saber escuchar. Dicen que el secreto de un buen sexo es la comunicación. Y sí, saber expresar nuestro erotismo es importantísimo. Porque si bien la sexualidad es algo personal, el placer es una responsabilidad hasta cierto punto compartida.
Aprender a expresar el erotismo
En este sentido, hemos confundido la idea de expresar nuestra sexualidad con exhibirla. Hay
quienes hoy en día no les basta con tener sexo, sino lo tienen que decir y hacer público con amigos o en redes sociales.
Sin embargo, aprender a expresar significa explorar y, para ello, los juguetes sexuales son una
buena opción para experimentar a través de otros impulsos, ya que, al igual que los besos, las
caricias y demás formas de afecto son una buena manera de expresar y desarrollar nuestro erotismo. El uso de juegos y juguetes sexuales nos ayudan a salir de contexto, a encontrar un equilibrio entre la cotidianidad y la diversión Si lo hacemos en pareja, es importante hablar, establecer reglas y dejarlas claras para que el placer sea mutuo. Asimismo, es importante que en los juegos de alto riesgo, como la hipoxifilia, se cuente con una palabra de seguridad. Algo que le haga saber al otro que el juego terminó y que debemos parar.
¿Ustedes que opinan? ¿Que otras ideas o hechos hay que añadir para ásarla de lo mejor en nuestra luna de miel?