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El ramo de flores es uno de los atributos más representativos en una novia, tanto que, en la actualidad, intenta ajustarse a las tendencias en flores e, incluso, se procura que haya sintonía con el vestido. Con esto de la moda y con el devenir del tiempo, ambos renovadores de las tradiciones, el clásico azahar, flor por antonomasia de los enlaces nupciales, ha ido cayendo en desuso, en detrimento de múltiples clases de flores con sus más variopintos colores.
Las normas en las flores de la novia son sencillas, pero las que predominan y se toman como aceptadas constituyen el protocolo. Muchas costumbres que hoy están desfasadas han participado en la construcción del protocolo actual, pues hay aspectos que se han mantenido aun olvidando su significado inicial; todo ello en un intento de continuar la tradición. En este artículo vamos a hacer referencia a la impronta de las flores en la novia y su constatación en obras literaria antiguas para contribuir al entendimiento de su por qué.
Desde tiempos inmemoriales, la flor del naranjo, el azahar, ha sido símbolo de los enlaces matrimoniales. Esta bella y perfumada flor, frecuente en regiones templadas, fue trasladada por los cruzados desde Asia, de donde era originaria, a Europa. Ya antes, entre el azahar y el matrimonio se había forjado una alegoría: la floración del naranjo y su posterior fruto siempre se ha equiparado con los principales estadios del matrimonio, es decir, la felicidad y la fecundidad. De esta manera, el azahar simboliza la fertilidad. Si a esto le añadimos la leyenda de la mitología clásica que narra que el dios Júpiter le entregó a Juno una naranja el día de su boda, la relación entre el naranjo y el enlace matrimonial se estrecha cada vez más. Eso sí, el naranjo era conocido como el árbol de las manzanas doradas.
Hoy en día, esta ancestral idea de la fertilidad se ha mitigado, pues el matrimonio se sostiene sobre otra serie de motivaciones, entre ellas el amor y el afecto. Pero existe otra serie de prácticas que simbolizan la fertilidad que todavía se dejan ver. Así, por ejemplo, en la Edad Media, era costumbre que dos niñas vestidas iguales (generalmente hermanas) presidieran el cortejo nupcial portando espigas de trigo que simbolizaban la fertilidad. Este mismo cereal era arrojado al aire por el rabino que oficiaba la boda en Israel como parte del ritual nupcial.
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La diadema de flores
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En tiempos remotos, la novia se cortaba el cabello cuando contraía matrimonio como señal de sumisión total al marido, quedando privada de los encantos propios de su sexo. Los egipcios suavizaron esta cruel práctica, de modo que, en lugar de cortar el cabello, éste era recogido tras la boda, lo que propició que las novias mantuvieran a partir de entonces su diadema de flores o la “corona gloriosa” durante la boda, según reza el libroCuriosas Costumbres de Noviazgo y Matrimonio.
Y es que la diadema de flores de azahar ha sido un gran clásico en la indumentaria de la novia. Prueba de ello la encontramos en un fragmento de la obra teatral Bodas de Sangre, de Federico García Lorca:
Criada: “El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado. (Le pone un ramo de azahar)”. (Acto segundo. Cuadro primero).
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Origen de arrojar el ramo
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La costumbre de tirar el ramo la novia no es más que la versión moderna de tirar la liga, tradición recurrente en la Francia del siglo XIV. Esta práctica derivó después en tirar una de las medias (tirar la media), pero como no era una prenda fácil de quitar, se comenzó a arrojar, en su lugar, el ramo de flores. Actualmente, esta última operación persiste y se hace cuando la novia ya está casada, normalmente durante el banquete de bodas. La novia insta a las solteras a que se congreguen para atrapar el ramo, lo tira y se dice que quien lo consiga será la próxima en contraer matrimonio.
Otras novias optan por darle al ramo un uso de ofrenda a una virgen, un santo o al nicho de un familiar fallecido. Así, la Princesa Letizia Ortiz entregó su ramo de novia a la Virgen de Atocha por propia voluntad y deseo.
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Las flores de azahar en las bodas
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Las flores siempre han acompañado a las ceremonias de raigambre. A cada celebración le corresponde un tipo u otro, pues no es lo mismo la primera boda, invadida de flores blancas, evocadoras de juventud, que unas bodas de oro, caracterizada con rosas y pensamientos. Es tal la vinculación del azahar con la boda que, en un libro del siglo XIX, se describe que el azahar estaba presente en la mesa del banquete formando guirnaldas, en elpastel nupcial e, incluso, en las cabezas de los caballos. Uno de los fragmentos es éste: “Ramitos de flor de azahar, rosas blancas y mirto anudado con cintas de raso blanco adornan el ojal de la levita o frac de todos los servidores y la cabeza de los caballos de los coches”. (Baronesa de Staffe. La Elegancia en la Vida Social. Ed. Saturnino Calleja).
También hay otras flores muy frecuentes en el ramo de la novia, que son el mirto o arrayán, las rosas y los lirios, todos muy vinculados al sentimiento amoroso; pero es el azahar el que ocupa más contenidos y testimonios.
El ramo de la novia es tan importante que, sin él, la novia y su cortejo no puede partir hacia la Iglesia. La tradición manda que los contrayentes aquél día no pueden verse hasta reunirse en el templo, pero el novio ha de ser el que le haga llegar a la novia su ramo ese mismo día. De esta manera, deberá ingeniárselas para no ser visto o delegar a pariente cercano este .
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Una vez la novia tiene en su poder el ramo, sale de su casa con el cortejo nupcial y no abandona sus flores salvo cuando tenga que emplear las manos para orar, intercambiar los anillos o sentarse.
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