Para ser honesto: cuando empezamos a hablar de la boda, pensé que mi papel se limitaría a elegir un traje y decir "me gusta todo". En la práctica, todo resultó muy diferente. Organizar una boda es todo un maratón de decisiones, listas, llamadas y compromisos, y yo, como novio, me encontré en el epicentro de esa molestia.
Cada día hay nuevas preguntas: sala o área al aire libre, música en vivo o DJ, asientos, horarios, transporte, cosas pequeñas que ni siquiera había pensado antes. Y lo más difícil es que todo esto no solo debe elegirse, sino que debe asegurarse de que el día sea cómodo tanto para nosotros como para los huéspedes.
Hay algo muy valioso en este caos. Discusiones conjuntas, a veces discusiones, a veces Risas, todo esto se acerca inesperadamente. Empiezas a entender que una boda no se trata de una imagen perfecta, sino de la capacidad de negociar e ir al resultado general.
Sí, hay muchos problemas, a veces parece que la cabeza ahora va a explotar con los detalles. Pero cada pregunta resuelta se acerca más al día que creamos juntos. Y, probablemente, este es el punto principal de todo este alboroto.