Dicen que la confianza es uno de los pilares primordiales de cualquier relación. Quien quiera que lo haya dicho por primera vez no es ningún sabio o una mente superdotada. Sólo se trata de alguien con algo de sentido común. De otra forma, ¿cómo podríamos compartir una cama con una persona en la que no confiamos? Si algo nos ha enseñado el cine es que dormir con el enemigo nunca ha sido una buena idea. Sin embargo, también resulta una obviedad que, por más confianza que se le tenga a una persona, es imposible comunicarle cada uno de los pensamientos que nos pasan por la mente. No sólo por lo abrumador que sería para el otro, sino por la forma absurda de extirparnos el último dejo de privacidad que ello conllevaría. También existen ciertos temas o tópicos que siempre terminan por generar un grado de controversia y que, en general, son mejor omitir. El dinero es una de esas entidades escabrosas que caben dentro de esta categoría. Es también una de las principales causas de separación y ruptura familiar que hay. Según un estudio publicado en The New York Times, los hábitos y decisiones económicas son una fuente común de conflictos maritales y un factor fundamental de divorcio. Independientemente de qué tan buena relación se tenga con la pareja, ¿se debe hablar de forma abierta con ella de nuestros ingresos y poder adquisitivo? Seamos sinceros, el amor es uno de los camuflajes favoritos con los que se disfraza el interés y todos, sin hacer excepción de edad y género, nos hemos topado en una situación en la que descubrimos que el dinero, o la falta del mismo, provocará que alguien más se acerque o aleje de nosotros. Como bien decía Madonna, “vivimos en un mundo material” y el consumismo es predominante en el estilo de vida del grueso de la población. Para muchas personas, el éxito se mide en acciones, billetes, oro, propiedades, excesos, lujos y todos estos guardan una relación directamente proporcional con el encanto y el sex-appeal de quienes les rodean. No es fácil identificar que se está en una situación así, sobre todo cuando pensar que alguien puede estar interesado en otra persona por lo que tiene y no lo que es. En estos casos, los sentimientos suelen ser traicioneros y crean cualquier cantidad de distractores que hagan eludir la realidad. A pesar de ello, estoy convencido de que el esconder la situación financiera no es una solución. Por lo mismo, decirle a una persona a cuánto ascienden nuestros ingresos es una resolución tan ríspida como pronunciar la tan temida frase “Te amo” por primera vez y su principal detractor es el miedo, miedo a ser traicionado. ¿En qué situación es válido confesarlo? De entrada, cuando ambos están hablando del tema, o bien cuando deben de enfrentar juntos una disyuntiva económica como comprar un bien común, hacer un viaje conjunto o simplemente establecer cómo se financiarán las salidas. Al final del día, confesarle al ser amado cuánto se gana termina siendo un acto de confianza que, al igual que la intimidad y el amor, se hace con la plena esperanza, mas no certeza, de que la otra persona no utilizará esa información en nuestra contra y, en consecuencia, actuará con absoluta prudencia al respecto. Lo interesante es que si uno en verdad duda en decirle a su pareja cuánto gana. Entonces lo que se debería de estar poniendo en entredicho es qué tanta confianza se le tiene a esa persona y, por lo tanto, valorar si hay un verdadero futuro en la relación. ¿Qué te parece? ¿Tu pareja sabe cuánto ganas?
Ustedes Dicen Shicas sabe o no sabe?